Ocho años debería de haber tenido en ese momento.En el momento que a casa llega un gitano, como solía suceder en campaña, en una camioneta vendiendo de TODO.
Yo me puse contento ante tal acontecimiento (no de que llegara un gitano, sino de que llegara alguien) mientras mi madre salía a recibirlo.
El tipo revolvió mil artículos desde trapos hasta rulemanes y baterías, para los cuales describió otras mil virtudes para cada uno, mientras mi madre sólo decía no no gracias, sin dejar de limpiararse las manos con un repasador.
Hasta que esa manada de tímidos no, dichos casi con gentileza, fueron cambiados por una pregunta que hizo abrir bien grande los ojos del gitano:
- y alguna olla no tiene?
Como no voy a tener! gritó casi culpándose por el olvido.
Por un rato, los no siguieron igual, hasta que le mostró a mi madre una especie de palangana de latón amarillenta.
- ah, vió, esa si, me podría servir para enjuagar la ropa.
El tipo, que ya venía parado en los pedales, después de esto, no paró más...
Y esta es la mejor mercadería que traigo conmigo eh! es impresioante! usted la usa como quiere! y le sirve para un montón de cosas! si quiere lavar, lava; si quiere enjuagar, enjuaga! Buena para lo que sea, mire! y fuerte?! ni le digo! no se le rompe más! esto si que es fuerte fuerte, mire que material, mire como suena esto! gritaba mientras le pegaba unos golpes con la mano.
Y para abrochar la venta, culminó el acting rematando la palangana contra el suelo, una y dos veces sin dejar de gritar lo fuerte que era (no él, cosa que a mí me parecía, sino la palangana).
Y mamá la compró, y todos contentos. Yo también.
Por eso, cuando veo venir a mi padre a caballo, corro a agarrar la palangana. Ahí nomás espero que se me acerque, y cuando lo tengo a una buena distancia, mi cuerpito se apodera influenciado por el recuerdo fresco del inobjetable desempeño que minutos antes había ofrecido aquél gitano.
-Mirá papá, mirá lo que compró mamá! Es una palangana! Y qué palangana! Es para enjuagar la ropa, pero también se puede lavar! y es re fuerte, recontra fuerte! mirá!
Y como había hecho el buen vendedor, la reventé contra el suelo, sin dejar de vociferar sus extraordinarias cualidades.
Semejante parafernalia le valió al gitano anotarse una venta gloriosa.
A mi me valió que mi padre se bajara del caballo, me puteara de arriba a abajo y me diera una paliza grandiosa.
1 comentario:
Bien tu padre. Mirá si prosperaba esa actitud de imitar las estrategias que se usan para vender productos.
Ahora andarías vestido de Ronald McDonald y diciendo "y pensar que me habían dicho!" cada vez que tomas grappamiel.
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