lunes, 29 de febrero de 2016


En mi largo derrotero he tenido que soportar, como supongo casi todos lo hemos hecho, varias pequeñas pataditas en los genitales. Me refiero a esas cosas que aparecen para hacer no tan fácil lo que parecía un trámite.

Como un IVA a la pavada, para transformarlo, todo junto, en un pequeño infiernito.
Esas pataditas las he sufrido de multicolores maneras, y han ido apareciendo de tal forma que ellas solas podrían ser una postal de cada época que me ha tocado pasar.

La patadita en los genitales de la que quiero dejar testimonio es una que ya se me había presentado muchas veces, una zonzera que cuando uno tiene un poco de tiempo, seguro no repara en ella.
La cosa viene a cuento de un fin de semana que, ante cierta diligencia que un amigo me solicitó por celular de manera imprevista hacer, me vi necesitado de encontrar ágil y rápidamente la dirección de un localucho ferretero en Lagomar.

Mientras tanto mi amigo aguardaba en línea, ya que el no la recordaba.

En plena era espacial y morando por éstas latitudes, la proeza de conseguir de algún lado la dirección exacta sería imposible, por lo cual uno recurriría a ciertos artilugios bastantes más lentos ante la dificultad de cumplir con inmediatez el favor.
Pero superando ya la era de las tecnologías de la información y la comunicación, tal campaña está ahí, al alcance de la mano.

Así que acudí a mi celular 1000G, amablemente obsequiado por ancel, para consultar la guía telefónica on line. Porque resulta que el localucho tiene nombre que ni por milagro iba a figurar en la guía digital, pero por milagro sí yo recordaba el apellido del dueño, así que la cosa ya estaba casi liquidada.

Pero justo después de completar los datos, y cuando la respuesta era inminente y mi amigo esperaba ya inpaciente en línea, apareció la patadita sutil de esta era, la frase fatal del progreso:

"Ingrese el texto tal como aparece en la imagen".

Que entre la urgencia, el tamaño de la pantalla y el agregado de que te la quieren hacer un poco dificil, poniendo los símbolos atrás de unas rejas y como si los volara el viento, la imagen es una mierda.

El sistema dice que es para detectar si sos humano o un inmundo robot informático.

Yo aseguro que es para comprobar que tan dura tenés la constancia y sobretodo las bolas.

Con ardor de ojos e hinchazón de huevos, fin del trámite.



jueves, 25 de febrero de 2016

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viernes, 23 de julio de 2010

Minuto a minuto

Ricardo-Ricky Fort.
Espectaculares-Hermosas mujeres desnudas gratis.

Muy Bien.
Ya cumplí con el trámite de asegurarte determinada cantidad de visitas.
Ahora pagame Rexona Clinical !

sábado, 17 de julio de 2010

En la duda

Escribo esto con la más firme y embustera intención de volver a retomar esta cosa de escribir cualquier cosa. De aquí en más, no se más.

Ganas no me han faltado, tiempo a veces he tenido, ideas no...

Así espero que al bajar mi nivel de espectativa proesica, suba mi nivel de producción, que venía siendo de ninguna por año.



Estos han sido tiempos en los que he andado con muchas cosas en la cabeza, lo cual me ha impedido siquiera dedicarme a una, lo que ha hecho a su ves que casi todo lo que hiciese tuviera errores, o largas explicaciones, o ni yo las entendiera -mas o menos como esta frase-.



Y en ese enredo he andado.



Enredo hasta para entender mi relación de trabajo con cierto organismo estatal, y descubrir que alguna relación de dependencia tengo (hoy ya mucho más clara), y por lo tanto descubrir un día que soy merecedor a...una cuenta de mail!



Y reclamar por ella, si. Como para oficializar mi comunicación vía mail digamos. Y así entre tanto enredo, esclarecer algo. Y llamar por teléfono a una unidad de comunicación, y que me atiendan, y enfrentarme al reto de explicar quién soy y que grado de dependencia tengo y de quién y de que departamento dependo, tarea que me insumió unos 6 o 7 minutos más o menos, luego de varias marchas y contra marchas para que yo mismo entendiera lo que estaba tratando de comunicar. Satisfecho al fin, terminé mi presentación a modo de demandar lo que me correspondía. Y con una pequeña dicha interna de haber logrado hacerme entender y que me entendieran, y que la cosa hasta tuviera cierta lógica, cosa que me venía costando encontar. Y contento de pensar que tenía mi cuenta de mail "institucianal", por decirlo de alguna manera, y que eso me daba algún grado de certeza entre tantas otras incertidumbres.

Y en esa especie de regocigo de misión cumplida andaba cuando por el tubo grita la doña:



- Héctor...teléfono..! Creo que es algo para vos...!

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hoy, como hace tiempo, no tengo ganas de escribir.

lunes, 10 de agosto de 2009

Del vendedor exitoso que tampoco fuí

Ocho años debería de haber tenido en ese momento.
En el momento que a casa llega un gitano, como solía suceder en campaña, en una camioneta vendiendo de TODO.

Yo me puse contento ante tal acontecimiento (no de que llegara un gitano, sino de que llegara alguien) mientras mi madre salía a recibirlo.

El tipo revolvió mil artículos desde trapos hasta rulemanes y baterías, para los cuales describió otras mil virtudes para cada uno, mientras mi madre sólo decía no no gracias, sin dejar de limpiararse las manos con un repasador.

Hasta que esa manada de tímidos no, dichos casi con gentileza, fueron cambiados por una pregunta que hizo abrir bien grande los ojos del gitano:


- y alguna olla no tiene?


Como no voy a tener! gritó casi culpándose por el olvido.

Por un rato, los no siguieron igual, hasta que le mostró a mi madre una especie de palangana de latón amarillenta.


- ah, vió, esa si, me podría servir para enjuagar la ropa.


El tipo, que ya venía parado en los pedales, después de esto, no paró más...


Y esta es la mejor mercadería que traigo conmigo eh! es impresioante! usted la usa como quiere! y le sirve para un montón de cosas! si quiere lavar, lava; si quiere enjuagar, enjuaga! Buena para lo que sea, mire! y fuerte?! ni le digo! no se le rompe más! esto si que es fuerte fuerte, mire que material, mire como suena esto! gritaba mientras le pegaba unos golpes con la mano.


Y para abrochar la venta, culminó el acting rematando la palangana contra el suelo, una y dos veces sin dejar de gritar lo fuerte que era (no él, cosa que a mí me parecía, sino la palangana).


Y mamá la compró, y todos contentos. Yo también.


Por eso, cuando veo venir a mi padre a caballo, corro a agarrar la palangana. Ahí nomás espero que se me acerque, y cuando lo tengo a una buena distancia, mi cuerpito se apodera influenciado por el recuerdo fresco del inobjetable desempeño que minutos antes había ofrecido aquél gitano.


-Mirá papá, mirá lo que compró mamá! Es una palangana! Y qué palangana! Es para enjuagar la ropa, pero también se puede lavar! y es re fuerte, recontra fuerte! mirá!


Y como había hecho el buen vendedor, la reventé contra el suelo, sin dejar de vociferar sus extraordinarias cualidades.


Semejante parafernalia le valió al gitano anotarse una venta gloriosa.


A mi me valió que mi padre se bajara del caballo, me puteara de arriba a abajo y me diera una paliza grandiosa.




lunes, 27 de julio de 2009

Ganas no me faltan



De romper la puerta


De tirar el control


Destrozar el teclado


Putear una vieja


Patear la silla


Pegarle a la mesa





Y con las ganas no me quedé




Ahora escucho a Sabina, y ya es Lunes.
Por suerte